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Qué hacer en Barcelona cuando llueve: 10 planes de interior que merecen la pena

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Barcelona y la lluvia. No es lo primero que te viene a la cabeza cuando piensas en esta ciudad, pero pasa más de lo que crees. De repente, el cielo se cierra, el paraguas que dejaste en casa te hace falta y los planes de terraza se van al traste. ¿Y ahora qué?

Pues resulta que los días de lluvia en Barcelona pueden ser una excusa perfecta para descubrir cosas que normalmente pasas de largo. Talleres, museos, mercados cubiertos, cines con encanto… La ciudad tiene mucha vida bajo techo. Y algunos de los mejores planes no necesitan ni una gota de sol para funcionar.

Aquí van 10 ideas de interior que merecen la pena de verdad. Sin relleno, sin aburrir y sin salir empapado.

1. Hacer tu propia alfombra en un taller de tufting

Si hay un plan que encaja a la perfección con un día de lluvia, es este. Mientras fuera llueve, dentro estás disparando hilo con una pistola de tufting y creando algo único. Así de simple y así de satisfactorio.

En TUTU Studio, en pleno Eixample (C/ Diputació 341), puedes hacer tu propia alfombra desde cero. No necesitas experiencia previa, ni habilidad artística, ni nada especial. Llegas, eliges tu diseño —o traes uno propio— y en 1 a 2,5 horas tienes una pieza hecha por ti que te llevas a casa ese mismo día.

El taller funciona con una máquina de tufting que inyecta hilo sobre un lienzo tensado. El resultado es una alfombra con textura, con relieve, con personalidad. Puedes hacer desde un retrato de tu perro hasta un diseño abstracto, un logo, un meme o lo que se te ocurra. Todo vale.

Es un plan que funciona solo, en pareja, con amigos o en familia. Y lo mejor: sales con algo tangible. No una foto, no un recuerdo borroso. Una alfombra que has hecho tú, con tus manos, mientras fuera llovía.

Los talleres empiezan desde 35€ y puedes reservar online en su web. Si buscas un taller de tufting en Barcelona, este es el sitio.

Ah, y si al final el día sale soleado, también merece la pena. Pero con lluvia tiene un punto especial: esa sensación de estar creando algo mientras el mundo se moja.

2. Visitar el MNAC con calma

El Museu Nacional d’Art de Catalunya es uno de esos lugares que muchos tienen en la lista pero nunca visitan. Un día de lluvia es la excusa perfecta. El edificio en sí ya impresiona —el Palau Nacional, en Montjuïc—, y dentro hay una de las colecciones de arte románico más importantes del mundo.

Pero no solo eso. Tiene pintura gótica, arte moderno, fotografía. Puedes perderte un par de horas fácilmente. Y al ser un día gris, probablemente haya menos gente y puedas recorrerlo con calma, sin colas, sin empujones.

Los sábados por la tarde la entrada es gratuita. Merece la pena planificarlo así si quieres aprovechar.

3. Perderte por la Fundación Joan Miró

También en Montjuïc, a pocos minutos del MNAC. La Fundación Miró es un espacio luminoso, abierto, lleno de color. Justo lo que necesitas cuando fuera todo está gris.

Más allá de la colección permanente, suelen tener exposiciones temporales muy potentes. El edificio, diseñado por Josep Lluís Sert, es una obra en sí mismo. Y hay una terraza cubierta con vistas que, incluso con lluvia, tiene su encanto.

Es un plan de hora y media, dos horas, que deja buen sabor.

4. Tomar un brunch largo en el Eixample

Barcelona tiene una cultura de brunch que no para de crecer. Y el Eixample está lleno de sitios donde sentarte con calma, pedir unos huevos benedictinos, un buen café de especialidad y ver cómo la lluvia resbala por los ventanales.

No hace falta recomendar un sitio concreto —hay demasiados buenos— pero la zona entre Passeig de Gràcia y Enrique Granados es un buen punto de partida. Brunch sin prisa, con un libro o buena conversación. Eso también es un planazo.

Reservar es buena idea, sobre todo los fines de semana.

5. Hacer un taller de cerámica

Si lo tuyo es crear con las manos, Barcelona tiene una buena escena de talleres de cerámica. Desde clases de torno hasta modelado libre, hay opciones para todos los niveles.

Es un plan tranquilo, meditativo, perfecto para un día en el que no te apetece correr por la ciudad. Te manchas las manos, te concentras en lo que estás haciendo y desconectas. Muchos talleres ofrecen sesiones de 2-3 horas y te envían la pieza terminada una vez horneada.

Un buen complemento si ya has probado el tufting y quieres seguir explorando tu lado creativo.

6. Ir a un mercado cubierto (La Boquería, Santa Caterina)

Los mercados de Barcelona son espectáculo puro. La Boquería es el más conocido, sí, pero Santa Caterina tiene un techo ondulado de colores que vale la pena ver, y suele estar menos masificado.

Un día de lluvia, meterte en un mercado y pasear entre los puestos de fruta, queso, pescado y especias es un plan redondo. Puedes probar cosas, comprar algo para cocinar en casa o simplemente observar. Los mercados tienen vida propia, y con lluvia fuera, se sienten todavía más acogedores.

La mayoría cierran por la tarde, así que mejor ir por la mañana.

7. Escape room con amigos

Barcelona tiene una de las mejores ofertas de escape rooms de Europa. Hay para todos los gustos: terror, ciencia ficción, misterio, aventura. Desde los más clásicos hasta los que incluyen actores en vivo.

Es un plan perfecto para grupos de 3-6 personas. Una hora encerrados resolviendo enigmas, sin pensar en la lluvia. Si nunca has hecho uno, es buen momento. Y si ya eres experto, siempre hay salas nuevas que probar.

Conviene reservar con antelación, especialmente los fines de semana.

8. Tarde de cine independiente (cines Verdi, Phenomena)

Ir al cine con lluvia es un clásico por algo. Pero en Barcelona puedes hacerlo con estilo. Los cines Verdi, en Gràcia, proyectan películas en versión original con un ambiente muy de barrio. Phenomena, en Sant Antoni, es una sala de cine clásico con proyecciones especiales, maratones y eventos.

Nada de centros comerciales ni blockbusters genéricos. Aquí el cine se vive de otra manera. Compras tus palomitas, te hundes en la butaca y durante dos horas el mundo de fuera —lluvia incluida— desaparece.

Consulta las carteleras con antelación porque las sesiones pueden variar.

9. Clase de cocina catalana

¿Qué mejor que un día de lluvia para aprender a cocinar? Hay varios talleres en Barcelona donde puedes aprender recetas catalanas: desde una buena escalivada hasta un suquet de peix o unos canelones de Sant Esteve.

La mayoría de clases duran entre 2 y 3 horas, incluyen los ingredientes y terminas comiendo lo que has preparado. Es un plan que combina aprendizaje, diversión y buena comida. Funciona muy bien en pareja o en grupo.

Busca opciones en el Eixample o el Born. Hay para todos los niveles.

10. Descubrir las librerías del Raval

El Raval tiene una densidad de librerías que pocos barrios pueden igualar. Desde librerías de segunda mano con montañas de libros por explorar hasta tiendas especializadas en cómic, arte o literatura independiente.

Un recorrido por las librerías del Raval un día de lluvia es uno de esos planes sencillos que recuerdas. Entras en una, hojeas, descubres algo inesperado, te lo llevas. Sales, caminas unas calles, entras en otra. Sin prisa, sin agenda.

Puedes combinarlo con un café en alguno de los bares con encanto de la zona. Plan redondo.

Y si la lluvia para…

Pues ninguno de estos planes pierde sentido. Todos funcionan con sol, con nubes o con tormenta. Lo importante no es el tiempo que hace, sino hacer algo que recuerdes. Algo que no sea quedarte en el sofá viendo el móvil.

Barcelona tiene mucha vida bajo techo. Y a veces, los mejores días son los que empiezan con un “vaya, está lloviendo… ¿y si probamos algo nuevo?”

Si te ha picado la curiosidad con lo del tufting, puedes reservar tu plaza aquí. Llueva o no llueva, vas a pasarlo bien.

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